PERIODISMO: DE LA POLARIZACIÓN AL JUSTO MEDIO


Taurinos, animalistas; progresistas, ambientalistas; pro vida, pro aborto; pro esto, anti lo otro… y así hasta dividir el país en una “torta” partida en dos, en un sistema tan polarizado que solo admite a los de izquierda y los de derecha, a los de arriba y los de abajo, a los del sí y a los del no.

Sí, a los del sí y a los del no. Vivimos en una sociedad radical que asume ideologías como testamentos inquebrantables y que se adhiere a ellos a tal punto de no reconocer lo demás: lo diferente, lo contrario. Yo, en contravía de lo que muchos dirán, me atrevo a asegurar que no es un tema de mera política. No son los encorbatados del Congreso o de la Presidencia los que cada cuatro años incitan al debate fundamentado en la argumentación radical, como ocurre con los candidatos actuales que tienen a Colombia entre “petristas” y “uribistas”. No, no son ellos, o por lo menos no solo ellos. Somos quienes ejercemos esta profesión a la que llamamos periodismo los que también contribuimos y reforzamos esa división.

¿Cómo, por qué? Primero debo hacer un hincapié. Desde que ingresamos a las facultades de comunicación social nos llenan de teoría y conceptos que van y vienen intentando explicar las famosas ideas de objetividad, imparcialidad y veracidad. Pero… ¿cómo ser objetivos, imparciales y veraces si no nos enseñan a medir la dichosa “verdad”? Resulta que ni aquellos catedráticos con títulos de doctores, que además suelen ser periodistas en ejercicio, saben hacerlo. De hecho, no pueden hacerlo. ¿Por qué? Porque no hay nada más intangible, subjetivo e inmedible que la misma verdad.

Desde que me propuse hacer esta reflexión acudo con frecuencia al texto del periodista Bill Kovach. Él, en la obra que titula La verdad: el primer principio y el más confuso, hace un exhaustivo análisis que me permite llegar a la siguiente conclusión: la verdad absoluta no existe, pero sí podemos hablar de un concepto de verdad, ese que la entiende como ir más allá de la información; como interpretar y contrastar los acontecimientos para procurar, siempre, comprenderlos. Kovach habla incluso de la verdad periodística porque, según él, “el periodismo existe en un contexto social”, por eso su verdad debe estar encaminada a la interacción entre el periodista y los lectores. Esto, en otras palabras, quiere decir que la verdad periodística es un diálogo continuo entre informaciones que permite dar una perspectiva más amplia de los hechos, permitiéndole a los perceptores hacer sus interpretaciones y asumir una posición.   

Ahora bien, ¿por qué abordo todo esto de la verdad? Porque ser periodista significa ser intérprete de la realidad, pero nos jactamos de ejercer como profesionales objetivos y andamos por el mundo mediático esparciendo dicha interpretación como verdades absolutas. Y aquí mi postulado inicial: somos quienes ejercemos esta profesión a la que llamamos periodismo los que también contribuimos y reforzamos la polarización de la opinión. ¿Por qué? Porque ignoramos precisamente que la verdad absoluta no existe y nos la pasamos escribiendo columnas o grabando videocomentarios en los que asumimos posiciones radicales, para luego convertirnos en líderes de opinión con esas ideas. Qué irresponsables somos con la sociedad, pero más irresponsable seré yo si en este punto me atrevo a generalizar.

Algunos comunicadores como María Rosa Pinto, docente de la Universidad Pontificia de Salamanca, piensan diferente. Ella, por ejemplo, refiere al principio del “punto medio”, atribuido inicialmente a Aristóteles como la virtud moral de la moderación. Es enfática en dar importancia a ese “punto” del periodismo, pues dice que este marca un equilibrio entre información, comunicación y conocimiento para informar adecuadamente a la opinión pública, teniendo en cuenta que ese acto debe estar determinado, a su vez, por los principios éticos del ejercicio periodístico. 

Otros profesionales como Juan José García, columnista del periódico antioqueño El Colombiano, refieren a la misma idea desde un concepto que, para mí, se ajusta mejor: el justo medio. “El justo medio comporta un compromiso mucho más profundo y radical con la verdad que no está de un solo lado (mucho menos en uno solo de los extremos, donde es probable que resida el error), sino que resulta de la aproximación de los puestos, que no debe confundirse con la simple operación de sumar y dividir puntos de vista para obtener promedios”.

En ese sentido, es más responsable con la profesión y la sociedad asumir una posición central con la que se pueda tener el criterio suficiente para analizar los pros y contras de los extremos, o incluso para hacer nuevas propuestas. Es más responsable, y justo, que contribuyamos a la construcción de una mejor sociedad, capaz de reconocer en el debate una oportunidad de construir con el otro.  

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